5 de octubre de 2013

Dionisio Cañas: letras


Gusta de Dionisio que venga a un taller que se ha ido volcando del lado de lo plástico más que de cualquier otro, justamente para romper esa inercia en la que cae. Al ser poeta se trae al taller la palabra y la poesía.

Dijo que "las palabras unían a la gente", y pensándolo, las letras uniéndose unen las palabras que unen a las personas. Eso así de simple puede ser lo más poético de la palabra, dar nombre a lo que no lo tiene todavía y al dárselo, que lo nombrado entre en el orden de la convivencia respetando su medida, que es el lugar natural de lo nombrado.

La unión de las letras tiene su reflejo en la unión de las personas a través de las palabras como dijo Dionisio. La clave está justamente en la medida. En la poesía la medida da la fluencia y la musicalidad entre las palabras y entre los versos, evitando que nada se dé forzado. Y en el fondo solo hay comunicación entre palabras, entre personas, comunicación verdadera solo cuando los términos están adecuadamente unidos, cada uno guardando con su propia medida la medida del otro, guardando incluso el nombre que no tiene algo antes de recibir uno, respetando su medida, su lugar natural.

Hay idiomas que permiten la construcción de palabras nuevas y el riesgo es ese, que se puedan construir palabras juntándolas antes que uniéndose ellas, como es en la naturaleza. Cuando se unen los cuerpos o los compuestos es por una especial atracción vital, y que solo puede ser por una razón de signo poético. En cambio a la construcción le persigue el riesgo de forzar la unión en juntura, en montaje, en ensamblaje y aún hacerlo en progresión, industrialmente. Lo que era medida se perdió en la voluntad o en el interés y lo que ponía el  nexo de unión se convierte en simple módulo que se puede combinar al gusto. La comunicación entre los términos ya se da forzada y artificiosa. 

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